La sexualidad y la maternidad

Cuando empezamos a ser madres, es decir cuando por fin tenemos a ese pequeño ser en nuestros brazos todos nuestros esquemas y fantasías de lo que sería para nosotras la maternidad se desmoronan. Muchas de nosotras caemos en picada porque nadie nos había explicado lo difícil y duro que podía ser madre y no sólo eso, nadie nos había explicado lo que implicaba ser madre y a la vez esposa o compañera.

Y aunque nos lo hubieran explicado nunca alcanzaríamos a dimensionar la magnitud de la crisis en nosotras, porque seguramente toda la vida habíamos sido mujeres autónomas, autosuficientes, libres, comprensivas y pensábamos que  si habíamos sido capaces de trabajar muchas horas, de dirigir personal, de emprender miles de proyectos, de cambiar de país y a todo esto habíamos sobrevivido exitosamente, ser madre sería una prueba más de la vida para la que seguramente estaríamos  preparadas.

Sin embargo el puerperio tal como afirma Laura Gutman, es siempre un periodo de desestructuración emocional, una etapa larga e intensa que va más allá de los 40 días que han determinado los ginecólogos, es un terremoto que no deja intacto ninguno de nuestros antiguos cimientos. Y en ese terremoto el cimiento que habíamos construido con nuestra pareja, la manera como nos relacionábamos dentro y fuera de la cama cambia radicalmente.

Vamos a ver qué nos pasa y por qué nos pasa.

¿Qué nos pasa?

Nuestro cuerpo de mujeres cambia, nuestro estado de ánimo es muy variable, nuestra libido disminuye y a veces desaparece.  Nos sentimos solas, creemos que nuestra pareja no nos apoya, nos peleamos, le exigimos, no dormimos, estamos muy cansadas. Creemos que nos estamos enloqueciendo, no nos reconocemos a nosotras mismas, queremos que nuestra pareja ni nos mire ni nos toque o al contrario queremos que nos mire más porque sentimos que  ya no le gustamos, etc.

Desde la sociedad esto se sabe, se habla de vez en cuando y se ofrecen diferentes soluciones: pastillas o parches para subir la libido y para estar más contentas, consejos para  recuperar la pasión después de ser madres,  aceites para no sentir dolor y muchas más cosas. Sin embargo, eso que nos pasa en realidad es un llamado, una oportunidad para adentrarnos en nosotras mismas, una puerta que se nos abre. Está en nosotras la decisión de ir hacia lo profundo y convertirnos en OTRAS más concientes y conectadas con nuestro cuerpo, nuestra sexualidad, nuestro ser esencial o intentar infructuosamente volver a ser lo que éramos antes.

Si optamos por lo segundo entonces hay que entender por qué nos pasa lo que nos pasa. Laura Gutman en su libro “La maternidad y el encuentro con la propia sombra” explica ampliamente las vivencias profundas de las madres puérperas y  nos permiten comprender lo que pasa con nuestra sexualidad en este periodo. A continuación haré un breve resumen de algunas de sus reflexiones.

¿Por qué nos pasa esto?

  • Fusión emocional y fenómeno mamá-bebé: el bebé al nacer comparte el mismo territorio emocional que su madre. Madre y bebé están conectados y el bebé siente lo que siente la madre. Nos convertimos en una mamá-bebé y no sólo no estamos lúcidas a nivel mental como antes, sino que se nos despiertan emociones que teníamos escondidas y que al estar en la sombra no entendemos. Estamos más sensibles, lloramos con más facilidad o nos enfadamos porque el bebé es todo emoción y ahora nosotras somos un poco bebés. Además tenemos la percepción de que el niño está siempre con nosotras aunque esté en la cuna, estamos en alerta continua, nos despertamos un segundo antes de que él se despierte, si hacemos el esfuerzo de estar sexualmente con nuestra pareja el bebé se despierta en el momento menos oportuno.
  • Nuestra libido disminuye: esto hace parte del proceso maternante. La libido es nuestra potencia sexual, es la descarga, la acción y ahora toda nuestra atención y potencia sexual se va a los pechos y a los brazos para estar preparadas para acunar y para dar de mamar. En nuestro diseño humano-mamífero nuestro cuerpo no está preparado para iniciar la penetración rápidamente, nuestro cuerpo está más frágil y sensible porque está diseñado para conectar con la suavidad del bebé. Sin embargo lo que sucede es que hacemos el esfuerzo desde nuestra mente, desde la voluntad para cumplir con el deseo de nuestra pareja quien ya nos ve como desconocidas porque somos otras, porque nos enojamos, exigimos, estamos tristes.
  • Ruptura de acuerdos previos de pareja: todas las parejas se inician sobre la base de un acuerdo mutuo y a veces invisible. Nos juntamos con alguien que comparte nuestra luz o nos trae nuestra sombra. Todos esos acuerdos están ahí funcionando y conservan un equilibrio mientras no somos madres pero cuando nace un bebé y la madre orienta su atención a un ser totalmente necesitado entonces hay un vacío, una ruptura en el acuerdo inicial de pareja, pero las expectativas siguen intactas. El varón entonces reclama, «es que ya no me quieres», «es que ya no me miras», «es que además me gritas, me exiges demasiado y no ME DAS lo que me dabas antes». Esta necesidad es real, porque hombres y  mujeres basamos nuestras relaciones no en el amor altruista sino en la necesidad que tenemos de ser llenados emocionalmente por el otro y entonces esperamos que es@ otr@ siga siendo lo que era antes para nosotros, pero lo que muchos hombres no comprenden es que la madre no sólo está pasando por una crisis emocional descomunal sino que ahora hay un ser mas necesitado que ellos, un bebé que no será bebé para siempre, pero que ahora consume y necesita TODA la energía de mamá. Además, la madre necesita sostén para poder maternar y ese sostén lo puede dar el varón si abandona sus reclamos infantiles o al menos consigue aplazarlos.
  • Sociedad patriarcal sexualidad masculina: vivimos en una sociedad en donde la sexualidad está asociada a la actividad, a la penetración a la eyaculación como sinónimo de éxito, es una sexualidad con expectativas y resultados, una sexualidad bastante masculina. Las mujeres a partir de la “liberación” nos hemos adentramos en esta forma de vivir la sexualidad, aunque seguimos intentando agradar y complacer al otro más de lo que pensamos, para sentirnos queridas. Pero desconocemos que la sexualidad puede ser más femenina, sin tiempo, sin expectativa, más asociada al cuidado y a la caricia, al erotismo. Cuando somos madres se nos abre la oportunidad de conocer esa otra manera de vivir la sexualidad, una sexualidad con mucha más conciencia corporal.

 

Todo esto es solo un esbozo de lo que nos pasa y por qué nos pasa en nuestra manera de vivir la sexualidad cuando somos madres, si tomamos conciencia de ello tanto hombres como mujeres seguramente viviremos una sexualidad más madura y amorosa en el periodo del puerperio y los primeros años de nuestros hijos. Si lo conseguimos será un aprendizaje para toda la vida, creceremos como personas y maduraremos como pareja ya que construiremos nuevos acuerdos basados en el AMOR y no en la necesidad infantil de llenado emocional.

Laura Gutman ha nombrado la maternidad como nuestro tercer nacimiento. El primero es cuando salimos
Una vez que somos madres ya nada vuelve a ser igual. Nuestra vida de mujeres
  ¿Cuántas veces no nos ha pasado que sentimos que nuestros hijos nos demandan demasiado?,
Han pasado muchos años desde que las mujeres en occidente empezaron a reivindicar con fuerza
"Una decisión es buena, cuando es buena para todos"  Laura Gutman Parece fácil, un hogar

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Han pasado muchos años desde que las mujeres en occidente empezaron a reivindicar con fuerza
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Este artículo tiene 1 comentarios

  1. Rocio Responder

    Gracias por acompañarnos en este camino, recordandonos simplemente volver a nosotras y todo lo que ello implica.

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