Trabajar desde la pasión: El ejemplo de Sebastião Salgado

«Quien elige el camino del corazón, no se equivoca nunca» Popol Vuh

El documental «La sal de la tierra» que cuenta la vida de Sebastião Salgado ha inspirado muchos artículos y notas de prensa, ya que es una producción que no pasa desapercibida tanto por las impactantes fotografías como por las historias que todas ellas nos cuentan respecto al sufrimiento de la gente y las innumerables situaciones de injusticia en el mundo. Sin embargo hay un elemento que a mi modo de ver vale la pena resaltar de esta producción y del que me gustaría hablar aquí y es  la pasión por la fotografía que tiene Salgado y que le ha llevado no sólo a hacer fotografías extraordinarias sino a tener unas vivencias fuera de lo común.

En el documental Salgado explica como a los 30 años renunció a una carrera «exitosa» como economista y decidió dedicarse a la fotografía. Un día cogió una cámara que había comprado Lélia, su mujer, y empezó a darse cuenta de que disfrutaba haciendo fotografías, que se la pasaba bien, que fotografiar  le llenaba mucho más que trabajar para las grandes instituciones en proyectos de desarrollo y además le salían bien las fotos. Y fue entonces cuando se lanzó de lleno al mundo de la fotografía viviendo totalmente dentro él. Y viajó por todo el mundo, hizo infinidad de publicaciones, su trabajo logró sensibilizar a millones de personas respecto a problemáticas como el trabajo, la guerra, la hambruna, la muerte… hasta que un día tuvo que parar porque fotografiar la maldad humana le estaba matando. Esta situación límite le llevó a dar un vuelco a su vida, le llevó a cambiar su foco, a mover su objetivo, en términos fotográficos y vitales, y fue entonces cuando decidió reforestar la finca que había heredado de sus padres y que se había convertido en casi un desierto. Y este nuevo foco lo reconcilió con la fotografía a la que volvió con un nuevo gran proyecto.

A mi modo de ver esta historia de vida nos habla acerca de la importancia de vivir y trabajar desde la pasión o desde nuestro «don». La pasión es aquello que verdaderamente mueve nuestra vida, que nos hace felices, que inyecta en nosotros alegría y hace florecer nuestra creatividad, nuevos proyectos. Actuar desde el don es algo que no nos genera esfuerzo, que nos resulta fácil y que dado que no nos cuesta podemos hacerlo durante mucho tiempo, dedicarle muchas horas,  podemos practicarlo una y otra vez hasta lograr una gran pericia y por ende nos sale muy muy bien. Además es algo que ofrecemos a los demás, que va más allá de nosotros, que brindamos al mundo.  Y  la consecuencia de todo ello es que gracias a que lo hacemos bien y le es útil a otros, siempre habrá alguien dispuesto a retribuirnos por ello y esta retribución va más allá de lo netamente material.

Pero entonces ¿por qué no hay tantos Sebastiãos Salgados en este mundo que vivan tan intensamente su pasión por algo? ¿por qué nos cuesta tanto arriesgarnos, dejar de lado nuestras «seguridades»  y tomar la decisión de vivir a partir de nuestra pasión? ¿Por qué seguimos pensando en que hay que hacer algo con lo que aseguremos el pan y luego ya vendrá el momento de hacer lo que verdaderamente nos gusta?

La respuesta está en la infinidad de creencias limitantes que tenemos y en cuya base está el miedo. Ahondemos en algunas de ellas:

Una de esas creencias que nos limita es que nuestra vida será muy larga y siempre podemos esperar. Aunque por un lado resulta positivo pensar así porque sería triste pensar cada día en que vamos a morir mañana,  esta creencia tiene bastante de negativo si consideramos que podemos y «debemos» esperar para vivir felices. Por ejemplo, que podemos esperar a jubilarnos para hacer lo que verdaderamente queremos hacer, que podemos esperar a ahorrar mucho dinero para hacer lo que nos apasiona, etc. Y esperando se nos pasan los días más valiosos, porque dedicamos nuestra energía a cosas que no nos gustan y al hacer lo que no nos gusta tenemos menos energía, nos sentimos infelices y esto no nos deja espacio mental y emocional para tan siquiera planear como hacer lo que verdaderamente queremos. Es un pez que se muerde la cola. Además en muchos casos las personas cuando se jubilan, o tienen finalmente el dinero ahorrado para hacer lo que les gusta, como no han dado ningún paso antes para acercarse a ello, sienten que tendrían tanto camino por recorrer que al final acaban abandonando la idea antes de empezar o ya no tienen la salud o la energía para llevar a cabo su pasión.

Otra creencia limitante es que debemos esforzarnos mucho, que el trabajo significa sacrificio y que el placer se encuentra fuera del trabajo, que trabajo y ocio son totalmente opuestos. Sin duda conseguir algo que deseamos implica saber esperar, estar dispuesto a dedicar horas, a poner mucha energía y a veces nos encontramos con obstáculos en el camino. Sin embargo está comprobado que quien trabaja de lo que le apasiona no sólo es más feliz sino más próspero, que tiene más energía para dedicar a las tareas que corresponden a esa actividad y además la pasión da una fortaleza extraordinaria que ayuda a luchar contra las adversidades del camino. Y si no pensemos en Salgado y como a pesar de verse a si mismo al límite de su profesión logró finalmente reconducirla.

Y finalmente el telón de fondo de todo esto es el miedo a perder la seguridad y la estabilidad. Este miedo es muy intenso y profundo en los seres humanos, pero además nuestra cultura judeocristiana se ha empeñado en mantenerlo vivo porque lo placentero, lo que genera goce está mal visto, porque se cree que el sacrificio y el dolor te hacen mejor persona y también porque al fin y al cabo decidir vivir desde la pasión a veces nos implica aprender a vivir en la incertidumbre, en la falta de seguridad absoluta y en nuestra cultura se valora al que sigue el mismo camino de todos, el que no se sale de la norma.

Vivir haciendo lo que nos apasiona no sólo es mejor para nosotros y para quienes nos rodean sino que es posible. La buena noticia es que nunca es tarde para empezar hacer aquello que se nos da bien y en lo cual ponemos nuestro corazón. Basta con atrevernos a enfrentar nuestros miedos y a cambiar nuestras creencias.

¿Y tu?, ¿estás haciendo lo que te apasiona?, ¿Te gustaría enfrentar tus miedos y superar las ideas que te impiden hacer lo que realmente te hace feliz? Me encantaría conocer tu experiencia!

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