El claroscuro de la maternidad

Laura Gutman ha nombrado la maternidad como nuestro tercer nacimiento. El primero es cuando salimos de la barriga de nuestra madre, el segundo es la adolescencia cuando construimos nuestra identidad diferenciada y el tercero es la maternidad porque dejamos de ser una y pasamos a ser dos en un mismo cuerpo.

Como todo nacimiento es el paso de un estado a otro y por ello es un momento de crisis, de mucha potencia, de rompimiento, de alegría y dolor intensos. Diríamos que es un momento agridulce. Ese tránsito es lo que comúnmente se ha denominado: puerperio.

Sin embargo aquí no hablaré del puerperio de los 40 días, que comprende una serie de cambios fisiológicos y hormonales, sino que vamos a hablar del puerperio desde el punto de vista emocional, que sin duda se extiende muchos meses y que finaliza cuando hay una separación emocional entre la madre y el niñ@. Eso puede durar incluso 2 años.

 ¿Qué pasa en el puerperio?

En nuestra sociedad el hecho de ser madre está idealizado. Seguro que hemos escuchado frases como “debes estar feliz con ese hijo tan sanito”, “disfruta este momento que se pasa muy rápido”. Pero para la mayoría de madres la vivencia es muy distinta. Nos sentimos solas, aisladas del mundo que conocíamos, con la sensación de que sostener día y noche a una criatura indefensa que llora y no sabemos por qué, es una responsabilidad que nos supera. Y muchas veces lloramos, gritamos, nos desesperamos, incluso llegamos a “odiar” a ese ser que llora o nos sonríe, pero reconocerlo públicamente es imposible o incluso asumirlo privadamente nos genera mucha culpa.

¿Qué nos está pasando? ¿Es que somos malas madres?, ¿es que no tenemos instinto maternal? No, es que hemos emprendido un viaje a un planeta desconocido en donde todo es completamente nuevo. En ese planeta ya no somos nosotras las profesionales, ordenadas, eficientes, con proyectos sino que somos un nuevo personaje: una mamábebé que debe enfrentarse a un cúmulo de circunstancias desconocidas y muy alejadas de lo que nos imaginábamos. Y lo que es peor,  que llevamos en nuestro equipaje nuestra sombra, es decir aquellos elementos que desconocíamos de nosotras mismas y que se convierten en unas piedras en el camino.

Vamos a intentar comprender lo que nos pasa en este insólito viaje:

 1.    Perdemos todos nuestros referentes de identidad. Antes éramos mujeres trabajadoras, estudiantes, esposas, amigas, con intereses personales y proyectos. Después de ser madres todos esos referentes se desdibujan, ya no podemos trabajar, no tenemos el tiempo y la lucidez para estudiar, no podemos tener intimidad con nuestra pareja, no tenemos tiempo ni ganas para salir con amigas y mucho menos para hacer nuestros hobbies. Ahora tenemos un bebé que nos reclama día y noche. Y nosotras que teníamos la expectativa de que podríamos con todo nos sentimos frustradas porque no es así.

 2.    Entramos en fusión emocional con el bebé. Ahora somos “mamábebé” y “bebémamá”.  Según Laura Gutman, una vez el bebé sale de la barriga continúa ligado emocionalmente a su madre. Siente lo que siente la madre y a la vez refleja lo que su madre tiene en lo más profundo y que no puede ver, es decir su sombra. Si el bebé llora, se enferma o está alterado además de preguntarnos qué le pasa en el plano físico tendríamos que preguntarnos ¿Qué motivos tiene  mamá para llorar tanto?, ¿qué es lo que le inquieta a mamá?, ¿qué es aquello que no puede expresar mamá?

 3.    Nos  volvemos un poco bebés. Una vez somos “mamábebé” continuamos siendo adultas pero ahora nuestra parte bebé emerge con fuerza. Somos frágiles, afloran emociones que nos eran desconocidas, tenemos muchas inseguridades, no podemos tener el mismo rendimiento al que estábamos acostumbradas, nos vemos torpes, no podemos ser resolutivas.  Y además de eso las personas que tenemos a nuestro alrededor no nos comprenden y pretenden que rápidamente volvamos a ser las de antes (pareja, amigos, familiares, colegas del trabajo). Y lo que es peor, nosotras mismas nos imponemos la meta de volver a ser como antes!

 4.    El bebé nos enseña partes de nuestra sombra. La sombra es un término utilizado y difundido por C.G Jung y se refiere a las partes desconocidas de nuestra psique y de nuestro mundo espiritual. Laura Gutman ha sido quien ha llevado este término al ámbito de la maternidad y nos muestra como todo aquello que vivimos en nuestra infancia y que nos resultó insoportable se fue a nuestra sombra y emerge cuando devenimos madres pero reflejado en el bebé. “El bebé presenta sin tapujos todo sentimiento que no es presentable en la sociedad” (Laura Gutman). El bebé nos recuerda que no fuimos lo suficientemente maternadas y que llegamos a la maternidad con inmensos vacíos.

 Y frente a este panorama desolador ¿qué podemos hacer?

El puerperio puede ser una gran oportunidad si la sabemos aprovechar. Es un abismo pero también una iniciación. Si somos capaces de enfrentarnos a nuestro yo desconocido, si  empezamos a comprender nuestra historia y saber qué vacíos llevamos a cuestas liberaremos a nuestros hijos de la carga que supone nuestra sombra y tendremos los ojos más abiertos para entender sus necesidades.

Si logramos atravesar este periodo creando alianzas positivas con personas que nos permitan vivir nuestra propia locura, que no nos exijan ser lo qué éramos antes y que mas bien nos ayuden a descubrir quienes somos ahora, entonces todo  será más llevadero y fructífero para nosotras y nuestros bebés.

Y finalmente si conseguimos confiar en nosotras y dejar de lado la infinidad de opiniones de todos los lugares de la sociedad que dicen lo que «debe ser» y «lo que está bien o mal». Los pediatras, psicólogos, matronas, corrientes de crianza, educadores, hablan de las madres en plural y hay tantos modos de ser madres como madres  existen. Cada madre parte de una particular historia y tiene su particular deseo que sólo ella puede reconocer, si contactamos con quienes somos podemos decidir con conciencia lo que queremos hacer con nuestros hijos.

La puerta está ahí, basta con que queramos abrirla.

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Ilustración: Javier García www.javigaar.com

  ¿Cuántas veces no nos ha pasado que sentimos que nuestros hijos nos demandan demasiado?,
Han pasado muchos años desde que las mujeres en occidente empezaron a reivindicar con fuerza
Una vez que somos madres ya nada vuelve a ser igual. Nuestra vida de mujeres
"Una decisión es buena, cuando es buena para todos"  Laura Gutman Parece fácil, un hogar
Atendiendo a la petición de una de mis lectoras, escribo el siguiente artículo acerca del

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